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sábado, 5 de diciembre de 2009

Europa, el equilibrio del sentido común

                                                                         

Jacques Delors, ex presidente socialdemócrata de la Comisión Europea

“Ni esto ni eso”, decía Walter Benjamin en referencia a la tenaza que mordía la Europa de su tiempo. Ni fascismo ni comunismo. En una entrevista reciente, Jacques Delors, ex presidente de la Comisión Europea, nos ponía en guardia contra el peligro de que el orden mundial acabe polarizándose entre EEUU y China. Pues bien, ahora hay que decir que no queremos ni neoconservadurismo ni desarrollismo, más bien es tiempo de afianzar los valores que siempre caracterizaron Europa, la comunidad europea.

Si no quiere verse atenazada a la larga, Europa está llamada a reivindicar un sistema de valores propio más allá de los límites de la Unión, y debe hacerlo con voz solista, con una voz que exprese el discurso común de los Estados miembros. Y, sin embargo, la disparidad de posturas ante la crisis económica nos ha dado a entender que no son pocos los países que siguen presos de un solipsismo tan disfuncional como inefectivo. Porque está claro que si no ponemos remedio, nos va a acabar pasando factura el disenso en materia de política económica, una política que ni de lejos se agota en el uso de una divisa compartida, es decir, en la aplicación de un programa monetario común; antes al contrario, se impone como necesaria una decidida unidad de acción capaz de dar la réplica a la polarización del concierto de naciones.

Por lo tanto, si queremos ofrecer una alternativa a las ideologías extremas que enarbolan chinos y estadounidenses, nos corresponde remar en la misma dirección. En este sentido, solo podemos saludar con optimismo la reciente entrada en vigor del Tratado de Lisboa, un paso más en el camino hacia una economía europea con peso internacional.

martes, 3 de noviembre de 2009

Luz verde al futuro

                                  

Václav Klaus, con la bandera de Chequia al fondo

Definitivamente se ha llegado a una solución de compromiso por la que el Presidente checo, Václav Klaus, firmará la adhesión de su país al Tratado de Lisboa. Después de que el Tribunal Constitucional checo pusiera las cosas en su sitio desestimando las pataletas del presidente del gobierno, Klaus da su brazo a torcer y se pliega al peso de la evidencia. Recordemos que el máximo mandatario había torpedeado por todos los medios la incorporación de Chequia al proyecto común del conjunto de los miembros de la Unión Europea basándose en la idea, a todas luces infundada, de que el Tratado atenta contra la Constitución checa en el sentido de que limita la soberanía del país.

Václav Klaus da el perfil del político ingenuamente escéptico que ve fantasmas donde no los hay y los pasa por alto donde realmente están. En eso consisten la estupidez y esa postura típicamente escéptica amiga de dar mayor crédito a la mentira que a la verdad. Al parecer, Klaus ha llegado a construirse un universo psicológico propio en el que Chequia goza de un status diplomático único dentro de la Unión Europea y en el que, además, el planeta atraviesa un excelente estado de salud. A estas alturas ya está claro que cualquier contacto del pensamiento de este señor con la realidad es pura coincidencia.

La firma del presidente checo da luz verde a la formalización jurídica del Tratado de Lisboa, que entrará en vigor a partir del próximo 1 de Diciembre según todos los cálculos. Pero tampoco entonces estará el horizonte despejado para la aplicación del nuevo pacto si los tories acaban imponiéndose en los próximos comicios británicos. Así lo ha expresado el líder del partido conservador, David Cameron, que viene de lanzar una bravata acerca de su negativa a realizar el referéndum sobre el Tratado de Lisboa en el Reino Unido. ¡Madre mía! ¡Qué rebeldes están los conservadores!