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lunes, 7 de diciembre de 2009

Una nueva manifestación de la libertad irrefrenable

                                                                                

El movimiento verde sigue vivo

Coinciden hoy en los periódicos dos noticias referidas a sendas manifestaciones estudiantiles. Una en Atenas, en Teherán la otra. La comparación subraya el ridículo que están haciendo los estudiantes griegos, jóvenes aficionados al viejo deporte de la protesta y el alboroto callejero. Vale que el país heleno esté atravesando una delicada coyuntura económica, pero eso no justifica, más bien al contrario, las ganas de trifulca y el afán de protagonismo de estos imberbes energúmenos.

Muy distintos son los motivos que concitan en la calle a los estudiantes iraníes. Muy distinta la dignidad que reivindican, tan distinta que ya no hablamos de un deporte, sino de un desafío. Miles de personas se han dado cita en la Universidad de Teherán con motivo del Día del estudiante, y el régimen despótico ha respondido haciendo uso del lenguaje que le caracteriza: los garrotazos y el gas lacrimógeno.

Esto demuestra que el movimiento verde aún sigue vivo y, si bien parece inviable que se vayan a repetir los últimos comicios, está claro que acciones de este tipo visibilizan el inconformismo y la rebeldía de la oposición al tirano. Por mucha mordaza y muchos grilletes que emplee el régimen de Ahmadineyad, la voz de la libertad debe seguirse haciendo oír al menos hasta la celebración de las próximas elecciones. Por eso nos parece apropiada la campaña en la que se ha embarcado el presidente Barack Obama con el fin de aislar internacionalmente al gobierno iraní. Solamente la acción conjunta de la oposición interior y exterior al régimen puede hacerle morder el polvo al tirano.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Del tocino y los decretos ley

                                                                                      

La máquina expendedora, animal en peligro de extinción

Hoy, porque me he levantado un punto mitinero, voy a abrir con una consigna: que cada uno piense lo que quiera y diga lo que piense. Es más, podríamos reescribir la frase anterior diciendo que cada uno coma lo que le apetezca.

Sucede que no ha pasado mucho tiempo desde que el Ministerio de Sanidad español decretara retirar todas las máquinas expendedoras de chucherías y repostería industrial de los colegios públicos del Estado. Piensan los tecnócratas que de esa manera los niños van a lucir más saludables porque, claro, hay que pensar en la felicidad de esos hombrecillos ya que ellos no pueden hacerlo por sí solos. Y es que los políticos paternalistas saben de buena tinta que la felicidad está en disfrutar de un tejido adiposo igual a cero y no en darse una satisfacción de cuando en cuando.

Hay que combatir la obesidad, dicen sin saber que con ello combaten el modo de estar en el mundo de unas personas que, según los casos, pueden estar orgullosísimas de sus cuerpos. Hay mucha gente que no está dispuesta a hacer un sacrificio negándose un capricho sólo por someterse a la tiranía del canon estético y sanitario establecido.

A todo esto se podría replicar diciendo que la obesidad representa una amenaza para la salud del individuo. Lo cual es verdad, pero no es menos cierto que deberíamos dejar que cada cual decida en su fuero interno si le conviene jugarse el bienestar inmediato a un posible desarreglo patológico el día de mañana.
Sólo veo un argumento consistente que legitime la política sanitaria del gobierno en materia de obesidad infantil. Me refiero al hecho de que limpiar tanto tocino en la anatomía de un buen número de ciudadanos puede significar un importante gasto a cuenta de la Seguridad Social; pero si aplicáramos este esquema de pensamiento al resto de conductas alimentarias, llegaríamos a un punto en que lo aconsejable sería ponerse a dieta de pan, fruta y agua.