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viernes, 11 de marzo de 2011

La Primavera de las Naciones norafricanas




Estamos asistiendo a una ola de revoluciones populares en el mundo árabe y, de manera especial, en el área de influencia de los pueblos bereberes. Se trata de una ola que nadie sabe muy bien en qué playa desembocará.
Hay quien habla de un conflicto generacional y quien apunta al auge de efluvios nacionalistas. En cualquier caso, los protagonistas proceden de clases populares descontentas con gobiernos soberanistas de tendencias autocráticas; gobiernos que, por lo demás, vinieron bailando al compás marcado por el foreign office estadounidense. Ironías de la vida: desde el estallido de los levantamientos, el despacho capitaneado por Hillary Clinton parece simpatizar con los revolucionarios.
El tiempo nos va a decir si somos testigos de una apertura a los procesos democráticos en la cultura islámica o si, más bien, vamos a presenciar el imperialismo de la teocracia monolítica al más puro estilo Ahmadineyad.
La Primavera de las Naciones norafricanas está aquí, pero lo importante es saber si soplan vientos nacidos de las fuentes del islam o si, por el contrario, son vientos procedentes de la cultura árabe. En el primer caso, podemos echarnos a temblar; en el segundo caso, tenemos licencia para soñar.  

domingo, 21 de febrero de 2010

Solidaridad con Kurt Westergaard

Las caricaturas que encendieron la mecha
                                                                                        

Kurt Westergaard dibujaba hace cinco años una viñeta cómica en la que aparecía una caricatura de Mahoma armado con una bomba en su turbante. Lo que el humorista danés no sabía entonces es que estaba acaso escribiendo su propia acta de defunción.

Me dan miedo las personas que ponen su fe en algo sagrado, que creen que existe algo sagrado. Y no me refiero únicamente al hecho religioso, porque el mundo está lleno de individuos que santifican lo menos pensado: ideas, imágenes, piedras, palabras, banderas, relaciones humanas, etc. Todo es susceptible de sacralización y a menos luces intelectuales más propensión a ver espíritus y almas a diestro y siniestro. Quien siga sublimando sus ideas en forma de ideales seguirá preso de su cárcel mental. El fetichismo no es más que un cerrojo a la evolución psicológica de la persona.

Hay una exigencia fundamentalista que la sociedad occidental no puede tolerar y que cada individuo en concreto no debe asumir. Me refiero a la primacía de la ley divina sobre la ley civil positiva. Mal vamos si permitimos que el verbo incendiario y la sed de sangre de los musulmanes violentos echen por tierra conquistas históricas como la libertad de expresión. Los creyentes obsesivos amenazan a nuestros humoristas, quieren quitarnos la risa, algo que, a diferencia de los dioses, cabe en todos los asientos y todas las tribunas.

El País acaba de publicar una entrevista con Kurt Westergaard. Léela aquí.