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jueves, 12 de noviembre de 2009

Los métodos mafiosos del comunismo chino

                                                                                       

China más Comunismo igual a pena de muerte

La agresión y la intimidación ejercidas por el gobierno chino sobre su población no conoce límites. En otras palabras, los chinos no tienen peor enemigo que su estado. Según un informe de Human Rights Watch, las “cárceles negras”, infiernos montados por el régimen de espaldas a la luz pública, ocultan graves abusos a los derechos fundamentales de los ciudadanos. En estas cárceles negras de la infamia, las fuerzas del orden confinan y maltratan a ciudadanos que ni siquiera han dado el paso en falso de cometer un delito, su único error consiste en pasar por sospechosos a los ojos del Partido Comunista, el gran Leviatán asiático.


Estas depuraciones de la policía china se ejecutan de modo indiscriminado sobre personas que acuden a Pekín con la perversa idea de presentar una queja ante la administración pública; personas a las que han estafado o que han sido víctimas de cohecho o de una expropiación indebida por parte de las autoridades regionales. Ante esta atroz amenaza, los de la ley responden con la baza favorita de los estados totalitarios: el terror. Los procedimientos represivos siguen este orden espeluznante: secuestro del individuo, ocultación de los motivos del arresto, pisoteo de la dignidad del secuestrado, sustracción de las pertenencias, agresiones físicas y psicológicas y atropello de cualquier garantía jurídica de la víctima, que tanto da que sea hombre, mujer o menor de edad.

Así se las gastan los comunistas; esos comunistas que el año pasado condenaron a muerte a nada más y nada menos que 7.000 personas; esos mismos comunistas a los que se les viene de obsequiar con unos Juegos Olímpicos en pago por sus progresos en el respeto a los Derechos Humanos; esos comunistas, en fin, que o mucho cambian las cosas o van a terminar por subirse a la locomotora de la economía mundial. Y más vale que lea hasta aquí porque se me está llenando la boca de sapos.

martes, 10 de noviembre de 2009

Las rabietas de Corea del Norte

                                                                              

Un soldado surcoreano mira a través de un telescopio

En estos días en que media Europa festeja a bombo y platillo el desmorone del Muro de Berlín, que en realidad era un muro entre dos alemanias o, mejor aún, entre dos mundos; el último encontronazo entre las dos coreas ha venido a recordarnos que todavía hay reductos del planeta anclados en el pasado.

En efecto, aún sobreviven dinosaurios comunistas a los que no les llegan los periódicos desde hace más de veinte años. Y es que el inmovilismo es cosa mala. Lo cierto es que el Mar Amarillo acaba de ser escenario de una escaramuza entre las flotas de Corea del Norte y Corea del Sur. La naumaquia se ha limitado a un intercambio de cañonazos sin que esté muy claro si se han producido muertes entre los tripulantes del navío norcoreano.

No falta quien piensa que la refriega no es más que un esfuerzo del país comunista por llamar la atención del presidente Obama, que estará de gira por Asia en unos días. Así, la pataleta de los comunistas no tendría más sentido que dar un puñetazo en la mesa de las negociaciones bilaterales que se ocupan del plan de desarme atómico del país norcoreano, como si el régimen de Pyongyang estuviese en condiciones de hacer tal cosa.

Curiosamente, el régimen comunista de Corea del Norte siempre se ha mostrado de lo más timorato en relación con las relaciones comerciales y decididamente audaz respecto a las relaciones belicosas. Da la impresión de que estos dinosaurios sólo saben hablar el lenguaje de las armas, da la impresión de que los únicos agujeros que abren en el muro de la infamia están destinados a procurar una aspillera a sus cañones. También es cierto que no podemos esperar otra cosa de un régimen que tiene a su población enfangada en la hambruna y el militarismo.