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jueves, 25 de marzo de 2010

Google desafía a China

Google china opera desde Hong Kong
                                                                                

Se habla de las grandes corporaciones multinacionales como de insaciables monstruos tragaperras sin escrúpulos. Con todo y ser posible, Google ha dado un ejemplo renunciando a su parte del pastel en el mercado cibernético chino. Una parte en modo alguno pequeña. Y todo por defender su identidad como firma.

Internet, entre otras muchas cosas, nació con la vocación de convertirse en un foro global de intercambio de ideas y expresión sin trabas. Por primera vez en la historia, ciudadanos del mundo entero, cosmopolitas, podían dialogar a tiempo real sin ningún tipo de control aparente. Pronto, gobiernos represivos y regresivos como el de China advirtieron las dimensiones de la amenaza y obraron en consecuencia, formalizaron mecanismos de censura y fiscalización de los canales del conocimiento.

Ahora, Google, a diferencia de Yahoo, el buscador de Bill Gates, ha sido consecuente con el espíritu que impulsó los primeros pasos de Internet y no se ha plegado a las exigencias dictadas por los burócratas de Pekín. Google sabe que la red de redes no es nada sin libertad de expresión y ha comprobado que con los totalitaristas apenas cabe la posibilidad de negociar, simplemente porque no atienden a razones.

Es hora de que el Senado de Estados Unidos haga pública su condena a la actitud de China ante lo sucedido. Google fue valiente y el Estado al que paga impuestos debe serlo también.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Los métodos mafiosos del comunismo chino

                                                                                       

China más Comunismo igual a pena de muerte

La agresión y la intimidación ejercidas por el gobierno chino sobre su población no conoce límites. En otras palabras, los chinos no tienen peor enemigo que su estado. Según un informe de Human Rights Watch, las “cárceles negras”, infiernos montados por el régimen de espaldas a la luz pública, ocultan graves abusos a los derechos fundamentales de los ciudadanos. En estas cárceles negras de la infamia, las fuerzas del orden confinan y maltratan a ciudadanos que ni siquiera han dado el paso en falso de cometer un delito, su único error consiste en pasar por sospechosos a los ojos del Partido Comunista, el gran Leviatán asiático.


Estas depuraciones de la policía china se ejecutan de modo indiscriminado sobre personas que acuden a Pekín con la perversa idea de presentar una queja ante la administración pública; personas a las que han estafado o que han sido víctimas de cohecho o de una expropiación indebida por parte de las autoridades regionales. Ante esta atroz amenaza, los de la ley responden con la baza favorita de los estados totalitarios: el terror. Los procedimientos represivos siguen este orden espeluznante: secuestro del individuo, ocultación de los motivos del arresto, pisoteo de la dignidad del secuestrado, sustracción de las pertenencias, agresiones físicas y psicológicas y atropello de cualquier garantía jurídica de la víctima, que tanto da que sea hombre, mujer o menor de edad.

Así se las gastan los comunistas; esos comunistas que el año pasado condenaron a muerte a nada más y nada menos que 7.000 personas; esos mismos comunistas a los que se les viene de obsequiar con unos Juegos Olímpicos en pago por sus progresos en el respeto a los Derechos Humanos; esos comunistas, en fin, que o mucho cambian las cosas o van a terminar por subirse a la locomotora de la economía mundial. Y más vale que lea hasta aquí porque se me está llenando la boca de sapos.