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jueves, 22 de abril de 2010

A la altura de los tiempos

Wall Street en el ojo del huracán
                                                                                      
El protagonismo que la debacle financiera y los esfuerzos por salir de ella han ganado de un tiempo acá demuestra hasta qué punto la política vive subordinada a la economía en el mundo moderno. Tanto es así que nadie se atreverá a negar que la macroeconomía viene dibujando el horizonte de sentido en el que se despliega la actualidad social del planeta.

Sin ánimos de predicar reminiscencias tecnocráticas, sí quiero reseñar que, en tiempos así más que en ningunos otros, conviene esgrimir y desarrollar estrategias globales basadas en planteamientos pragmatistas. Los vientos que corren nos obligan a buscar y adoptar posturas operativas. En otras palabras, debemos enfocar nuestra atención sobre la utilidad de los instrumentos empleados y en modo alguno sobre el contenido semántico o ideológico de los mismos.

Por ejemplo, la administración Obama tiene en lanzamiento una reforma financiera que exige el concurso del Congreso en pleno y los agentes sociales relacionados con la Banca. Se trata de una reforma tibia, como muchas voces han señalado; lo que significa que estamos hablando de una reforma que el conjunto de las facciones políticas puede aprobar sin necesidad de hacer grandes sacrificios partidistas.

Pues bien, lo justo sería que todas estas facciones arrimasen el hombro en el intento de sacar adelante una reforma razonable que responde a las exigencias de los tiempos que corren. No hay razón para que los liberales teman el escrutinio estatal de los desajustes producidos por la libre actividad de los mercados.

Pensemos, de igual modo, en lo que está pasando en Grecia. El gobierno socialista de Yorgos Papandreu ha disparado el déficit público hundiendo al país en la bancarrota. Pues bien, en una tesitura así, se impone ejercer el principio de solidaridad entre los estados miembros de la EuroZona por encima de los escrúpulos ideológico-nacionales, que hemos visto ejemplificados en Angela Merkel.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

A vueltas con el tiempo

                                                                                

Ilustración medieval de un juglar tocando su flauta

Hoy, cuando viajaba en el tren de vuelta a casa, un músico ambulante limosnero ha aparecido en el vagón para amenazarnos con amenizarnos el trayecto a cambio de unos céntimos. Mientras el flautista destripaba la conocida melodía renacentista, he pensado que el tipo se daba todo el aire a un juglar, vestía poncho y calzas de colores, de lo más llamativo, la mar de perroflaútico. La cosa es que, al verlo allí y escucharle, he tenido una especie de regresión: se me han venido a la memoria las miniaturas medievales coloreadas con retratos de juglares y troveros.

Más tarde, ya en casa, he puesto el telediario mientras cenaba para ver cómo el gobierno español ha alcanzado un acuerdo económico con los piratas somalíes por el que los marineros del Alakrana presos en el Índico quedarán en libertad, y es que los corsarios sólo saben hablar con lengua de plata. Gajes del oficio, desde luego. Y entonces he tenido otra regresión: las escenas televisadas me han recordado la hegemonía naval de los fieros vikingos y los piratas árabes, el terror de los mares allá por el Medievo.

Por último, ya cenado, me he venido al ordenador, el mejor amigo del hombre del siglo XXI, para encontrarme en las ediciones digitales de los periódicos con la noticia que alerta sobre la grave crisis energética por la que está atravesando toda Sudamérica, donde los gobiernos prefieren explotar por su cuenta los recursos naturales en vez de poner su gestión en manos de empresas privadas a todas luces más eficaces en esta clase de negociados. Y entonces, amigos míos, he tenido otra regresión: me he acordado del período del oscurantismo medieval, de las velas de sebo y la fuerza tractora de los bueyes. Y así me he dicho que la crisis financiera es algo más que un simple freno económico y productivo, es más bien una causa de involución histórica que nos hace pensar que igual el pasado no está del todo superado.