lunes, 8 de febrero de 2010

Ucrania a la deriva

El palacio Mariinski, sede presidencial de Ucrania
                                                                                   
Tras las últimas elecciones en Ucrania, lo que está claro es que el país del cielo azul y los trigales amarillos cabecea al oriente, zozobra al canto de las sirenas del Kremlin. Estos comicios de la república ex-soviética han despejado todas las dudas en torno a la sospecha de que los ucranios navegan un mar de dudas. ¿Qué fue de la revolución naranja? ¿Qué, del sueño de ingresar en la Unión Europea?

Víctor Yanukóvich, demostrado impostor, se ha llevado el gato al agua, y el ogro a Kiev. Si algo ganan los ucranianos va a ser la paz del gas, porque en adelante Vladimir Putin y su esbirro, Dmitri Medvédev, podrán hacer y deshacer de las suyas sobre la alfombra amarilla y azul que les tiende el primo Yanukóvich. Ucrania se aleja de Europa, sus velas se hinchan bajo el bufido de los oligarcas del petróleo y no hay ni timonel ni Timoshenko capaz de enderezar el rumbo.

El problema de fondo está en la confusión relativa a la soberanía de la nación. Y es que Ucrania se cuenta entre esos países en que la democracia está lejos de asentarse libremente en el poder popular representado por los políticos, sino que más bien descansa en las manos de una casta plutocrática de magnates y banqueros que le hacen guiños a Rusia u Occidente según donde hayan invertido el capital de sus negocios. Son cosas que pasan cuando el imaginario colectivo no tiene en su debida consideración a la clase política, es decir, a la auténtica carrera del político profesional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario